Paseando 💕


#gaylove #summer #verano #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #gaychile #love #couple #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #selfie #gaysantiago #Santuario #gaycouple #gaymaipu #instalike #followforfollow #gayinked #ink #bear #boy #LaFlorida (en Santuario Lo Canas Schoenstatt)
https://www.instagram.com/p/BsUZ8eCljRH/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1qrjqekm5yc7n

henkheijmans:

A herd of sheep passes through a gate, Brenda Station, Goodooga, Australian, 2012 - by Scott Bridle, Australian

(Fuente: scottbridle.com)

olderboy-aesthethic:

image
image
image
image

Estupendo año nuevo, junto a la familia y al pololo 😍🤩



#playa #summer #verano #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #newyear #lgbt #añonuevo #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #happynewyear #gaysantiago #calor #fatness #gaymaipu #instalike #followforfollow #gayinked #ink #bear #boy #ElTabo (en El Tabo, Región de Valparaiso, Chile)
https://www.instagram.com/p/BsHl2HDF4pg/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=64qos8xo6ikw

Colores 🤩😍🤭
Paseando con el pololo 😌

#tunel #summer #verano #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #gaychile #lgbt #love #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #selfie #gaysantiago #color #fatness #gaymaipu #instalike #paseobanders #gayinked #ink #bear #boy #colores (en Paseo Bandera)
https://www.instagram.com/p/BsCRVtCl2YS/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1qlswjoa2xcsq

Que ya se acabe el verano 😓


Pd: Tunel Bandera/San Diego

#tunel #summer #verano #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #gaychile #pride #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #selfie #gaysantiago #calor #fatness #gaymaipu #instalike #followforfollow #gayinked #ink #bear #boy #color #bandera (en Santiago, Chile)
https://www.instagram.com/p/BsAAjnQl0Ai/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=14fpmaua2yh0o

El Diario de Larry: Navidad

eldiariodelarry:

El día jueves 22 de diciembre desperté a las 6:30 am con la alarma que había puesto el Bryan. Él estiró la mano para tomar el celular y apagarla, y luego me dio un beso en la frente. Levantó las frazadas para poder levantarse, y yo intenté rodear su cuerpo con mis brazos.

—Quédate un ratito más —le rogué—. Hace frío.

Él se rió y volvió a acostarse conmigo.

—Cinco minutos nomás —advirtió, y buscó mis labios para besarme, antes de abrazarme con fuerza.

Sentí su piel caliente a través de nuestros pijamas. Ambos teníamos cierta intolerancia al frío, así que dormíamos con ropa interior y una polera. Pasé mi mano por debajo de su pijama, y acaricié su espalda, antes de disponerme a seguir durmiendo.

Al cabo de cinco minutos, el Bryan se levantó definitivamente. Abrí los ojos por un par de segundos, y lo vi de espaldas, cepillándose los dientes frente al espejo del lavamanos. Cruzamos miradas a través del reflejo. Le sonreí adormecido, él me lanzó un beso silencioso, y yo volví a quedarme dormido.

—Nos vemos en la tarde. Te amo —me dijo el Bryan despertándome para despedirse. Me besó en los labios y se dio la media vuelta para salir de la habitación. Me quedé a solas y volví a dormir otro rato más.

Cerca de las 9:30 volví a despertar, pero esta vez definitivamente. Me levanté, me bañe y bajé a tomar desayuno.

Cuando el Bryan llegó a Chiloé en marzo, hizo un reemplazo de dos meses en urgencias, y luego se liberó una vacante en UCI, donde quedó trabajando de día. Yo en cambio, seguía haciendo turnos en urgencia.

En el hospital apenas nos veíamos, ya que estábamos en áreas diferentes y en modalidades de trabajo distintas, pero cuando coincidíamos en horarios (yo haciendo turnos de día) almorzábamos juntos.

—No puedo creer que estén juntos —me dijo la Caro, mi compañera de turno cuando se dio cuenta que nos tomábamos de la mano durante uno de los primeros almuerzos que compartíamos después de que el Bryan se fuera a UCI.

—¿Por qué? —le pregunté un poco confundido por su comentario.

—Por tonteras nomas. Es que la Leti, de la UCI me había dicho que había llegado el medio mino a trabajar al piso. Y uno tiende a asumir que un mino es hetero a no ser de que se indique lo contrario —explicó ella, y el Bryan se puso rojo.

—¿Te ha tratado bien la Leticia? —le pregunté al Bryan.

—Es simpática —respondió él, escueto, aún sonrojado. Ese mismo día al llegar a la casa, el Bryan me contó que ya le había contado a la Leti de nuestra “relación”, que si bien ella no se le había insinuado directamente, sí habían estado conversando casualmente y el tema salió espontáneamente. Actualmente, después de nueve meses ambos se hicieron muy amigos.

Mientras tomaba desayuno en el comedor, me quedé pegado mirando el árbol de navidad, que estaba cruzando el marco de la puerta que daba a la sala de estar.

—¿Cuándo se va a visitar a su familia, Larry? —me preguntó la Señora Cecilia, entrando al comedor por la puerta de la cocina. La dueña de la casona nos había permitido arrendar una pieza con dos camas individuales para que viviéramos con el Bryan. El precio que nos cobraba era demasiado conveniente, y solo quedaba a quince minutos del hospital en bicicleta.  De todas formas, le ayudaba en todo lo que podía ahí en la casona, como había hecho cuando llegué mochileando a la Isla Grande. Me cambié de vuelta con ella, ya que en la pensión donde estuve los primeros meses de trabajo, que estaba a cinco minutos a pie del hospital, no me permitieron alojarme con el Bryan pagando lo mismo, aunque estuviéramos compartiendo la cama individual, así que arrendó una pieza contigua, pero luego la dueña de casa nos quiso aumentar el arriendo, argumentando que sería igual con todos los inquilinos; comprobamos que no era así, solo nos quería fuera por nuestra relación, asi que nos fuimos de ahí. La Señora Cecilia nos recibió con los brazos abiertos y no se mostró incómoda por nuestra relación sentimental.

—Mañana temprano nos vamos —le respondí. Ese día jueves era el último que trabajaba el Bryan, y yo entraría a mi último turno esa tarde a las ocho, y saldría a la mañana siguiente. Teníamos planeado tomar el avión en Puerto Montt a las 11:40am con rumbo a Antofagasta. Yo había pedido a mis colegas que me cubrieran un par de turnos y yo los retomaba cuando quisieran, en año nuevo inclusive, y ellos, entendiendo la distancia que me separaba de mi familia, accedieron.

Durante la tarde ayudé a la Señora Cecilia en la casona, recibiendo veraneantes y atendiendo sus necesidades. El Bryan llegó cerca de las seis de la tarde, y me saludó con un beso y un abrazo.

—¿Estuviste todo el día aquí trabajando? —me preguntó.

—No, dormí un poco en la tarde —mentí. No le gustaba cuando me iba a trabajar habiendo estado despierto todo el día porque se preocupaba por mi cansancio.

—¿Hiciste tu bolso? —cambió de tema, y sonrió con emoción.

—No, ahora lo haré —le respondí con alegría también, ansioso por la idea de volver a ver a mis padres después de tanto tiempo.

Con el Bryan no habíamos vuelto a Antofagasta desde la ceremonia de titulación en marzo, y les habíamos dicho a nuestras familias que no iríamos para las fiestas porque había sido imposible organizar los tiempos, así que la idea era sorprenderlos cuando nos vieran llegar.

El Bryan me ayudó a preparar mi bolso, que más que ropa, llevaba los regalos para mis seres amados en el norte, aparte de útiles de aseo. Mismo caso con el bolso de él.

En la tarde, el Bryan me acompañó caminando hasta el hospital, ya que no me iría en la bicicleta como todos los días, porque al otro día nos iríamos directo desde el hospital al terminal, y no queríamos dejar la bicicleta ahí botada en el hospital.

El turno estuvo bastante tranquilo durante la noche, pero cerca de las siete de la mañana empezó a aumentar la llegada de pacientes por un choque de dos vehículos que resultó en volcamiento. El atender esa emergencia nos llevó mucho trabajo y tiempo, y cuando eran ya las ocho, mi horario de salida, no pude retirarme. La emergencia ameritaba que continuara en mi trabajo hasta controlar la situación, mientras el Bryan me llamaba al celular y no le podía contestar. Cuando ya eran las 8:45 recién me desocupé y llamé de inmediato al Bryan por celular.

—Perdóname por no salir antes, estaba muy cuático todo —me disculpé con el Bryan.

—Tranquilo, estoy aquí afuera esperándote —me respondió calmado.

Me di una ducha rápida, me cambié de ropa y salí a encontrarme con el Bryan. Nos saludamos con un fuerte abrazo, lo que me hizo sentir de golpe el cansancio de la jornada laboral, y me dieron ganas de irnos a la casona y dormir por horas, abrazados en la cama.

Llegamos al terminal y tomamos justo el bus que salía a las 9:30. Una vez nos embarcamos, comencé a verbalizar la ansiedad.

—No vamos a alcanzar —le dije al Bryan.

—Tranquilo, sí alcanzaremos —me intentó calmar.

—Debiste haberte ido a Puerto Montt nomas, por último yo me quedaba acá.

—¿Cómo se te ocurre? —se rió—. No te voy a dejar botado —dijo, e intentó calmarme con un abrazo.

Me dejé tranquilizar por él, ya que no había nada más en nuestras manos que pudiésemos hacer. Me quedé dormido antes de llegar a Chacao, y desperté cuando llegamos al terminal de Puerto Montt.

—¿Cómo dormiste? —me preguntó el Bryan.

—Mas o menos —sentía como si solo hubiera pestañeado.

El bus llegó a destino diez minutos antes de la hora planificada, así que nos daba un poco de esperanza de poder alcanzar a tomar el avión. Tomamos un taxi en el terminal faltando veinte minutos para el despegue de nuestro vuelo, pero el tráfico nos detuvo por mucho tiempo, y llegamos al aeropuerto a las 11:50, rogando por un atraso en el despegue del avión.

Lamentablemente el avión ya había despegado, así que perdimos nuestro vuelo. Preguntamos si era posible embarcarnos en algún próximo vuelo, pero en la aerolínea nos dijeron que estaban todos los vuelos reservados, que nos podrían poner en lista de espera, pero en esas fechas era difícil que corriera la lista. Finalmente nos ofrecieron volar hasta Santiago, que había un vuelo disponible en la tarde, pero que no tenían asientos disponibles en vuelos hacia Antofagasta. Tomamos el vuelo ofrecido, que salía a las 7 de la tarde, y al aterrizar en Santiago tuvimos que buscar alguna posibilidad.

Había un vuelo que salía a las once de la noche, pero solo había un asiento disponible.

—Si quieres lo tomas, estás más cansado que yo —me ofreció el Bryan.

—¡No! —respondí tajantemente—. Vamos a viajar juntos.

Finalmente nos encontraron asientos disponibles en el vuelo del mediodía siguiente hacia Antofagasta, así que pasamos la noche en el aeropuerto esperando.

Buscamos un rincón en la sala de espera, ya que los asientos estaban la mayoría ocupados por gente durmiendo, separados entre sí por un asiento (el derroche). Nos abrigamos un poco, y el Bryan me dio un abrazo.

—Perdona por hacerte pasar por esto —le dije, sintiéndome culpable por la travesía.

—No te preocupes, Larry —me tranquilizó con una sonrisa que reflejaba su cariño por mí—. Aparte, ha sido entrete igual, andar corriendo para todos lados, buscando alternativas de vuelos… no puedes negar que ha sido adrenalínico.

El Bryan tenía tendencia a ver el lado positivo de las cosas.

—Si, tienes razón —me reí—. No habría sido lo mismo sin ti —reconocí, y le di la mano, entrecruzando nuestros dedos.

Él siempre aceptaba esas muestras de cariño, sin importarle donde estuviéramos. Nos podíamos tomar de las manos, abrazarnos cariñosamente, e incluso, darnos un tierno beso en público sin que él se espantase.

Él apoyó su cabeza en mi hombro, y yo apoyé la mía en la suya. Nos quedamos mirando el enorme árbol de navidad que adornada el aeropuerto a lo lejos.

—¿Estás nervioso? —le pregunté al Bryan, después de unos minutos de silencio, y un leve apriete con sus dedos me indicó su respuesta.

—Un poco —respondió—. Mucho.

Resulta que el Bryan me contó que había salido del closet ante sus padres la noche anterior a viajar a Chiloé. Durante la cena les anunció que estaba muy enamorado de una persona y que iba a hacer lo imposible por estar con él (yo).

—Karen siempre me pareció una muy buena chica, nunca entendí por qué terminaron —había comentado su padre, pensando que se refería a su ex polola.

—No estoy hablando de la Karen —le respondió el Bryan, mientras el Pedro, su hermano, lo miraba con orgullo—. Estoy hablando del Larry. Mañana me voy a Chiloé a verlo.

Un silencio se hizo en la mesa del comedor. Su padre estaba atónito, con el puño cerrado sobre la mesa, mientras su madre bajaba la mirada. El Pedro estiró la mano para tomar la suya, en señal de apoyo.

—Si piensas que él es el indicado, puedes hacerlo —dijo su madre después de unos minutos, tras aclararse la garganta—. No te puedo decir que no lo hagas. Eres mi hijo, y te amo. Te amamos.

Su padre permaneció en silencio, hasta que se levantó de la mesa, diciendo un escueto “permiso”, y se fue a su habitación.

—Tú sabes cómo es —dijo la madre, intentando tranquilizar a su hijo—. Le cuestan un poco estas cosas, pero se le pasará.

Al día siguiente el Bryan se quiso despedir de su papá, antes de partir al aeropuerto, pero él seguía encerrado en su habitación, así que se había ido al sur sin despedirse.

Por eso el Bryan estaba nervioso. Volvería a ver a su padre después de mucho tiempo, y no estaba seguro de cómo reaccionaría. Si bien, habían hablado por teléfono de vez en cuando durante los nueve meses de distancia, la prueba de fuego sería en vivo y en directo.

—Todo va a salir bien —intenté tranquilizarlo—. ¿Quieres que te acompañe mañana cuando vayas por primera vez a tu casa?

—No, prefiero estar solo con ellos. Si mi papá te ve quizás le dará un ataque —sonrió sin ganas.

Nos acomodamos en el piso, acostados usando nuestros bolsos como almohadas, y nos pusimos a dormir.

Al día siguiente, tomamos el avión pasado el mediodía, y aterrizamos en la ciudad cerca de las tres de la tarde. Tomamos un transfer y cada uno para su casa.

Cuando entré a mi hogar, sorprendí a mis padres que estaban haciendo sobremesa después de almuerzo. Se levantaron emocionados al verme llegar de sorpresa y me abrazaron con amor.

Mi madre me sirvió un plato de ensalada con atún, un almuerzo liviano ya que en la noche habría una cena más contundente.

—¿Y el Bryan?, ¿se quedó allá? —me preguntó mi papá, cuando mi mamá tomaba asiento en la mesa con nosotros.

—No, viajamos juntos. Fue toda una odisea —les expliqué todo el drama del viaje y ellos se mostraban preocupados y entretenidos por mi forma de contar la historia.

—¿Va a venir a cenar entonces? —preguntó mi madre, entusiasmada.

—No sé si venga a cenar. Quizás viene mañana a pasar el rato —les expliqué que habíamos decidido que ambos pasaríamos la Noche Buena con nuestras familias, y luego el 25 nos visitaríamos.

Terminé de comer, y me acerqué al living para ver mejor el árbol de navidad. Estaba adornado con bolas de color rojo y dorado, y con fotos de la familia colgando de las ramas, la mayoría eran mías de cuando era pequeño, enmarcadas en un rectángulo de madera.

—Que bonito esto de las fotos —comenté—. ¿De dónde sacaron la idea?

—La Ale —le vecina de enfrente— me dio la idea cuando vino a conversar sobre las nuevas alarmas vecinales. Justo estábamos sacando las cajas de adornos cuando vino —me explicó mi mamá—. Dijo que su hermana ponía fotos familiares en el árbol. Le daba un toque personal.

Después de conversar harto, poniéndonos al día con nuestro año laboral, ayudé a mis padres a preparar la cena (carne al horno con  puré de papas), y ya cerca de las diez de la noche nos sentamos a cenar, con villancicos como música ambiental, y luego fuimos a abrir los regalos. Mis padres me habían comprado un libro como regalo de navidad (“Te Daría el Mundo”), y una polera con el logo de la plataforma 9¾, y además me entregaron el regalo de cumpleaños, que me habían comprado, pero obviamente no me lo entregaron por la distancia. Pretendían guardarlo hasta que viniera a visitarlos. Era un libro sobre cine.

Estuvimos disfrutando y compartiendo el resto de la noche, felices de poder estar juntos nuevamente en una fecha tan especial como la navidad, dándonos cariño amor y respeto.

A medianoche, antes de acostarme a dormir llamé por teléfono al Bryan.

—Feliz Navidad —le dije apenas contestó.

—Feliz Navidad para ti también, Larry —me deseó genuinamente.

—¿Todo bien allá? —pregunté con curiosidad.

—Todo bien —respondió escuetamente—. ¿Mañana nos vemos en tu casa y luego en la mia? —propuso.

—Esta bien —acordé, feliz de que ya tuviera todo planificado.

Nos deseamos buenas noches y me dispuse a dormir.

Al día siguiente, el Bryan vino a mi casa. Saludó con nerviosismo a mis padres, quienes lo recibieron con un afectuoso abrazo.

—¿Cómo has estado, Bryan? —le preguntó mi mamá.

—Bien, tía, ¿y usted, ustedes? —respondió él, dirigiéndose a mis padres.

—Muy bien.

Mi papá le dijo que tomara asiento, mientras yo fui a la cocina a buscar algo para comer y beber. Al volver, el Bryan ya estaba más relajado, conversando con mis padres como lo hacía siempre cuando venía a mi casa a estudiar.

Me senté en el brazo del sillón al lado del Bryan, para no interrumpir su plática.

—¿Y ustedes están… pololeando? —preguntó con curiosidad e indiscreción mi padre.

El Bryan se volteó a mirarme con complicidad, y respondimos al unísono.

—Si.

Mi mamá se alegró mucho y se levantó a abrazarnos de inmediato. Mi papá fue más sobrio pero de todas formas se alegró mucho por nosotros.

La verdad era que yo ya le había contado a mi mamá sobre lo que pasaba con nosotros en líneas generales, pero nunca le había dicho como había sido todo. Durante la segunda semana de julio con el Bryan habíamos ido a visitar el Fuerte Ahüi. Salimos en la mañana con buen clima, le pedimos prestadas un par de bicicletas a la Señora Cecilia y partimos. Ya a mediodía el clima cambió y comenzó a llover torrencialmente. Por suerte llevábamos ropa abrigada e impermeable, pero no fue suficiente. El agua caída formaba barro a nuestro alrededor y hacía intransitables algunos caminos.

Llegamos al Fuerte cerca de las 2 de la tarde, agotados y ya casi sin ganas de nada, pero igual nos dedicamos a recorrer y conocer el lugar (hermoso, por lo demás). A nuestro regreso, el Bryan estaba muy agotado, así que se detuvo a un costado del camino, dejó la bicicleta tirada y se sentó sobre una roca.

—¿Qué pasó? —le pregunté preocupado, bajándome de mi bicicleta y sentándome a su lado.

—No puedo más. Estoy muerto —dijo casi sin aliento.

—Sí puedes, dale, no te rindas —intenté motivarlo. Él negó con la cabeza y yo solo atiné a abrazarlo—. Nos quedaremos aquí hasta que tú quieras.

Después de unos segundos nos dimos cuenta que ya no llovía, no sabíamos cuándo había parado, pero al menos había dejado de llover. Levantamos la mirada y pudimos recién apreciar el lugar donde el Bryan había decidido detenerse. Era un mirador, desde donde podíamos ver un valle frente a nosotros, con dunas irregulares llenas de árboles y arbustos frondosos. Por aquí y por allá se veían algunas construcciones: Casas, cabañas e incluso una iglesia en la lejanía, y al fondo, donde las nubes comenzaron a dar espacio a los rayos del sol, se formaba un arcoíris.

—Qué lindo —comenté impresionado.

—Si —concordó el Bryan.

Nos quedamos ahí abrazados, mirando el paisaje frente nuestro, por un largo rato. Comenzamos a conversar y luego sacamos de la mochila nuestros bocadillos que habíamos preparado para el día. Sacamos el termo, tomamos té mirando la postal y disfrutando de nuestra compañía.

—No puedo creer que me haya aweonado tanto —dijo ya más tranquilo el Bryan.

—Tranquilo, yo estuve a punto. Si no te hubieses parado acá, yo me paraba más adelante y quizás no hubiéramos tenido esta vista —dije intentando subirle el ánimo—. Incluso cuando no lo sabes, haces las cosas bien —le tomé la mano y lo miré a los ojos, inspirado por el escenario que tenía en frente—. Bryan, yo sé que en este tiempo desde que llegaste he sido súper ambiguo contigo, y tú has sido súper paciente y respetuoso para no presionarme y exigirme definir lo nuestro. Te juro que me gustas de verdad, y que si bien, hemos tonteado un par de veces desde que llegaste —nos reímos con complicidad—, no ha pasado más allá de eso. Quiero estar contigo, hacerte feliz y acompañarte a otro nivel, más allá de la amistad. Bryan, quiero ser tu pololo, ¿me aceptas?

El Bryan sonrió y se acercó a besarme, con pasión y cariño.

—Obvio que te acepto —respondió—. No pudiste elegir un mejor momento —agregó con una sonrisa.

Mis padres escucharon atentamente la versión resumida de la historia, donde omitimos que ambos nos sentíamos pésimo y que por eso nos habíamos detenido.

—Espero que sean muy felices —nos deseó mi papá.

Con el Bryan subimos a mi pieza un rato, me acompañó a terminar de arreglarme para ir a su casa.

—Hace rato que no estaba acá —comentó mientras se acercaba a abrazarme.

—Igual yo —concordé—. Casi no la reconozco —dije antes de besarlo.

Él sacó de su mochila un paquete envuelto en papel azul navideño. Y me lo entregó.

—Feliz Navidad, Larry. Te amo.

Se lo recibí con un abrazo, y antes de abrirlo, de dentro de mi bolso saqué un paquete un poco más grande, envuelto en papel rojo y se lo entregué.

—Feliz Navidad también, Bryan. Te amo más.

Nos sentamos en mi cama y abrí primero el regalo que me dio él. Era un BluRay set con la saga de películas de Harry Potter.

—¡Te pasaste! —dije sorprendido—. Gracias, gracias, gracias —lo llené de besos.

—De nada —respondió con humildad, y se dispuso a abrir mi regalo para él. Era un libro con las portadas de los comics Marvel más importantes—. ¡Wow!, ¡está genial! —dijo con alegría, y me dio más besos de agradecimiento.

Arreglé mi mochila, donde llevaba un regalito para el Pedro, el hermano del Bryan, y bajamos. Le pedí el auto a mi papá y nos fuimos. En el camino, el Bryan me contó cómo había sido su reencuentro con su padre. Dijo que lo recibió con los brazos abiertos.

—Desde el minuto que me fui se arrepintió de no haberse despedido de mí. Dijo que no pensaba que lo del viaje a Chiloé fuera verdad, o que durara tanto tiempo. Igual cuando estaba allá hablamos por teléfono un par de veces, pero nunca me pidió perdón ni nada, como que omitía todo. Pero ayer llegué y me abrazó muy fuerte, y me dijo que me amaba, que lo perdonara por haber sido tan frío, pero que la revelación le había llegado por sorpresa. Que cando el Pedro salió del closet fue distinto, porque igual sospechaban de antes, así que estaban “preparados”, en cambio conmigo no sospechaban nada —me contó—. No supo como reaccionar.

Le tomé la mano en señal de apoyo y llegamos a su casa.

Sus papás me recibieron de muy buena forma, y el Pedro apenas me vio se lanzó a abrazarme.

—¡Larry te eché tanto de menos! —me dijo con alegría.

—Yo también, Pedrito —le respondí sinceramente—. Te ves guapo así.

Pedro, que acostumbraba a usar el cabello alborotado, ahora lo tenía muy corto y ordenado.

—Gracias, Larry —sonrió ante mi cumplido.

El Pedro subió a su habitación y volvió con un pequeño regalo para mí.

—Mi hermano me había dicho que vendrían, así que te compré algo —me entregó el regalo.

—Gracias —dije muy sorprendido por el gesto—. Yo también te traje algo.

Saqué de mi mochila un regalo de dimensiones similares al que él me había regalado. Ambos abrimos nuestros regalos y nos sorprendimos al ver que eran muy similares. Él me regaló un tazón con diseños de la bandera LGBT+, y yo le había regalado uno de un grupo de K-Pop, que él amaba.

Nos pusimos a conversar, y más tarde llegó el Victor (pololo del Pedro), y tomamos té todos juntos.

Ya cerca de las diez de la noche, el Bryan me dijo que si quería salir a caminar un rato y yo acepté.

Salimos al tibio aire de verano nortino, ambos muy livianos de ropas. Él cruzó su brazo por mi espalda y lo apoyó en mi hombro, y yo apoyé el mío en su cintura.

—Es tan raro volver —comenzó a decir—, después de tanto tiempo.

—Si… —concordé—. Nos fuimos siendo amigos, y ahora volvimos siendo pololos.

—El próximo año vamos a volver casados y al siguiente volveremos con dos hijos adoptados —comentó en broma.

Me quedé en silencio un rato, con la imagen de su broma en mi mente. Continuamos caminando hasta llegar a un pequeño parque a un par de cuadras de su casa. Los pocos árboles presentes en el lugar habían sido adornados con luces blancas, lo que les daba un aire navideño al lugar, sumado a las miles de luces que parpadeaban desde los hogares aledaños.

En la calle y en el mismo parque habían muchos niños, de distintas edades usando los regalos que les había traído el Viejito Pascuero la noche anterior. Desde bicicletas y patines, hasta pelotas de fútbol, autos a control remotos y muñecas.

—Sabes que no soy muy bueno con los niños. No creo que quiera ser padre alguna vez —le expliqué, al sentarnos en una banca que estaba desocupada y alejada del resto.

—Si sé, Larry —me acarició la mano—. Era una broma —se quedó en silencio unos segundos mirándome con una sonrisa—. ¿Eso quiere decir que te quieres casar conmigo? —me preguntó emocionado.

Me sonrojé antes de responder.

—Me encantaría casarme contigo, Bryan —respondí sinceramente—. Pero en primer lugar, acá no podemos; y segundo, es muy luego para casarnos. Llevamos apenas seis meses pololeando.

—Si sé —aceptó fingiendo resignación—. Pienso lo mismo. De hecho, quizás llegamos a viejitos, felices juntos y sin habernos casado nunca.

Nos quedamos ahí sentados conversando, mirábamos a los niños jugar y recordábamos nuestras navidades de cuando éramos pequeños. El Bryan creyó reconocer a los hijos de unos antiguos amigos entre los niños, pero no estaba seguro.

Estábamos tan cómodos y relajados conversando que no nos dimos cuenta cuando ya había pasado la medianoche.

—Mañana tenemos que levantarnos temprano —dijo él, anunciando que teníamos que volver a su casa—. Tenemos el vuelo, recuerda.

Asentí y me puse de pie para retornar. Él volvió a posar su mano en mi hombro y yo posé la mía en su cintura.

—Fue un bonito fin de semana —comenté—. Feliz lo repetiría por el resto de mi vida contigo.

El Bryan me besó en la sien en señal de concordancia, y continuamos nuestro camino rumbo a su casa.

image

cvltofthepopcvlture:

Femto (Berserk) ¼ scale statue by Prime 1 Studio

Tokyo Comic Con (TCC2017)

Photo credit: Kelvin Loke

Well, the Griffith statue may have some issues, but we will agree that Femto turned out to be incredible! 

Lindo dia de navidarks, agotador pero excelente 💕


#foto #summer #verano #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #gaychile #lgbt #love #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #selfie #gaysantiago #gaylove #gaycouple #gaymaipu #cerrosancristobal #calor #gayinked #ink #bear #boy #couple (en Parque Metropolitano Cerro San Cristóbal)
https://www.instagram.com/p/Br1odnilEsD/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1xn7mg460jglu

Una navidad diferente paseando por el cerro San Cristobal, un rico dia de pololeo 🤩💕

#foto #summer #verano #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #gaychile #lgbt #inked #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #selfie #gaysantiago #calor #fatness #gaymaipu #instalike #followforfollow #gayinked #ink #bear #boy #cerrosancristobal (en Parque Metropolitano Cerro San Cristóbal)
https://www.instagram.com/p/Br1l-3AlLKO/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=19ruuxeo3xfe6

poeticmoonspirit:

Zutara Parallels

There are so many hints and foreshadows of Zutara in Avatar like?? How do you miss that? Even 9-year-old me caught it when it was airing. Here are some parallels.

Parallel #1: Alter Egos

The Painted Lady

image

The Blue Spirit

image

These are Katara and Zuko’s alter egos–something that they couldn’t be in their daily lives. Even though Katara is caring, she was too busy playing the caretaker for the group, so she rarely had time for herself. Zuko was a banished prince and he obviously couldn’t do those things ordinarily either.

Parallel #2: Lost Mothers

image

Both lost their mothers to the Fire Nation. Ursa left to protect Zuko [she was banished]. Kya was murdered by a Southern Raider general or commander, while protecting Katara. This is Zuko’s and Katara’s greatest connection.

Parallel #3: Absent Fathers

image
image

Ozai banished Zuko from the Fire Nation and left his son exiled. He abused, humiliated, and neglected Zuko. Although Hakoda loved Katara and Sokka, he left them to join the war effort; the siblings were on their own after that. [I’m guessing this is why Katara has abandonment issues].

Parallel #4: Siblings

image
image

Katara and Zuko both have striking contrasts with their siblings. Katara and Sokka are close and very supportive; they have looked out for each other after everything that happened with their family. Zuko, however, has an abusive relationship with his younger sister Azula and is constantly manipulated by her.

_______________________________________

These are just a few I’d like to point out. The concept of the Twin Flames is also very interesting and is definitely connected to Zuko and Katara. It is the concept of one entire soul being divided into two and the two individuals are separate souls with similar histories, backgrounds, and even families. (Thank you Aaron Ehasz!)

image
image
image

tylerjosephotos:

image

Me encanta pasar los dias con tu compañia 💕

#concierto #spring #primavera #maipu #santiago #chile #gayboy #gayman #gay #instagay #gaychile #lgbt #pareja #instachile #instasantiago #beard #barba #instamaipu #love #gaysantiago #gaycouple #fatness #gaymaipu #estacioncentral #gaylove #gayinked #ink #bear #boy #couple (en Padre Hurtado Fundación/Santuario)
https://www.instagram.com/p/BrUH6RZl8ta/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1ugjkbohe49dj

(Fuente: wayhaughtt)

daveydiscoballs:

image